Un post de mierda

Creo que está bastante claro que fuera de la Argentina, no son muchos los países que utilizan el bidet para lavarse el culo (aparentemente, muchos lo utilizan para lavarse los pies).

Hasta ahí, todo bien, ponele que es insalubre (eso dicen, hasta ahora nunca he tenido problemas ni conozco a nadie que los tenga), ponele que es una cuestión cultural, qué se yo…

Por supuesto, a falta de bidet, buenas son las toallitas húmedas… Más que buenas, son imprescindibles, al menos para mí.

Al parecer, para mis amigos los franceses, las toallitas húmedas son sólo para los bebés y niños, ya que sólo se encuentran en la sección del super donde están los artículos de bebé.

Lo cual me lleva a plantearme la pregunta de si como adulto es socialmente aceptable tener el culo sucio, o más bien es un imperativo, ya que las empresas han decidido que las toallitas húmedas son sólo para bebés y niños, y sabemos que las empresas se guían por la demanda, lo cual significa que los adultos NO QUIEREN utilizar toallitas húmedas.

Muchachos, es un asco, y más aún sabiendo que la frecuencia con la que esta gente se baña es menor que la nuestra (lo de los franceses apestosos puede ser un prejuicio importante que tenemos en América Latina, pero es un hecho comprobado por mí misma que se bañan menos seguido). No podés ver a la gente de la misma manera sabiendo que sí o sí tienen el culo sucio!

 

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Una chica de pueblo

Tengo la teoría de que el karma me está castigando por haberme pasado la vida diciendo que Maipú era un pueblo de mierda. Sigo sosteniendo que es una mierda y el 95% de sus habitantes tiene mentalidad de pueblo pero que quede claro que en las estadísticas NO es un pueblo.

El lugar donde vivo ahora sí que es un pueblo, no te digo de mierda, porque es muy pintoresco, con casas al estilo alsaciano y rodeado de campos y bosques bellísimos donde estoy segura que mi amiga Zarina podría sacar fotos espectaculares.

La cosa es que será muy bonito, pero hay 2 negocios. No es una forma de decir, en serio hay 2 negocios: una especie de kiosco donde podés jugar a la lotería, comprar puchos y pan y mandar cartas (pensamiento al margen – ¿quién concha manda cartas hoy en día?); y una peluquería. Ah, y un banco que nunca está abierto cuando lo necesitás. Pero no cuenta como negocio.

O sea, si necesitás cualquier cosa, desde tampones hasta un foco, pasando por un kilo de carne para milanesa, tenés que pelar el auto, si tenés, porque -agárrense- no hay transporte público (bue, hay un colectivo que pasa a las 8 de la mañana y uno a las 5 de la tarde, pero no sirve para mucho) y el próximo pueblo está a 3 km y tampoco hay una mierda.

Todas estas observaciones me hicieron pensar en que por más pedorro que haya sido mi barrio, hay una variedad de comercios que te sacan de apuro, los viejos y queridos negocios de barrio.

No quiero aburrir a mi selecto público (?) con un post tan largo que hable de nada, así que lo de los negocios de barrio lo dejo para la próxima. Además son las 3 y mañana me tengo que levantar a hacer trámites. A diferencia de la otra vez, los trámites son porque voy a empezar a trabajar, así que tendría que dejar de quejarme.

Volví, en fichas!

Bueno, hace varios días que no escribo pero tengo explicaciones: primero vinieron los sobrinos de mi novio (1 y 3 años) de visita por 2 días y después mi computadora no me permitía conectarme a internet más que por periodos limitados de tiempo para hacer las cosas más básicas e imprescindibles como revisar mis mails y entrar a facebook 😛

Entre el domingo pasado y éste pasaron varias cosas.

En primer lugar, el lunes tuve la dichosa entrevista que me habían cancelado la otra vez. Cuestión que el martes me respondieron que querían ofrecerme a partir de junio una pasantía por 6 meses en RRHH (reclutamiento de científicos para investigación en una multinacional farmacéutica, tipo Umbrella Corporation). Así que, pongámosle que tengo un trabajo, por tiempo limitado y menos remunerado que lo que debería, pero en las condiciones actuales no puedo quejarme.

En segundo lugar, como dije antes, el miércoles y jueves estuvieron de visita los sobrinos de mi novio, unas criaturas encantadoras que me permitieron reafirmar que los niños son maravillosos, siempre que sea por un rato y que no sean propios. Llantos, mocos, pañales, salidas al zoológico, escándalos a la hora de irse a dormir y demás cosas que hacen que los padres dejen de tener vida propia. Son hermosos, es super divertido, pero paso.

En tercer lugar, el viernes conocí por medio de InterNations (paso chivo porque me parece buena la idea y por ahí a alguien le interesa) a un montón de otros extranjeros que viven en Mulhouse, cosa que no creía posible. Fuimos a un irish pub, nos emborrachamos y fue como volver a estar de intercambio.

Y por último, tambien el viernes, mis suegros se fueron de vacaciones, un descanso para ellos y para mí: comer a cualquier hora, escuchar música fuerte y “my boobs don’t have to go to boob jail”

Eso es todo por ahora, acá les dejo una foto con Marceau, uno de los sobrinos de mi novio (el más chico) para que me vean con niños, no es algo que haga todos los días:

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Cuidado con lo que deseas…

En el post de mis 25 pedí 3 deseos : un trabajo, un departamento y un gato.

Como la vida hace lo que se le canta en el orden que se le canta, ayer a la tarde en la casa de mis suegros apareció esta belleza que no sabemos si tiene dueño pero por ahora no tiene la menor intencion de irse:

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PD1: estoy hablando del gato

PD2: mi suegra es alérgica a los gatos 😛  -tengo la teoría de que es psicológico pero veremos-

La gente que habla demasiado (y siempre quiere tener razón)

Hay gente que parece estar enamorada de su propia voz y desgraciadamente suele ser un combo con los que siempre, siempre, pero siempre tienen que tener la última palabra.

Parece que en Francia hay una concentración particularmente alta de este tipo de gente (son especiales los franceses, algún día escribiré un post sobre ellos), pero no voy a referirme específicamente a nadie sino a todos como grupo genérico. Sí, estoy poniendo etiquetas, cosa que no está bien, pero este es mi blog y hoy quiero quejarme de esta gente porque hacen del mundo un lugar peor para vivir y hacen prácticamente imposible mantener una conversación con ellos, o con cualquier otra persona en cualquier reunión en la que se encuentren.

Hay que saber que esta gente SIEMPRE tiene una opinión, no importa que no tengan idea del tema del que se esté hablando. Y su opinión la expresan en voz bien alta, acaparando todo el espacio auditivo de los presentes, como si subir el volumen mejorara sus argumentos.

Saltan a la conversación aunque estén en la otra punta de la habitación, y no se callan hasta que no consiguieron que todos los que están ahí les den la razón (aunque no sepan que el 95% les da la razón sólo para que se callen un rato).

Si la conversación se desarrolla durante la comida, hay dos tipos de comportamiento. Están los que dejan que se les enfríe (o derrita) lo que tienen en el plato y siguen hablando, y están los que hablan con la boca llena. Estos últimos son particularmente odiables. La puta madre, ¿tan importante es lo que tenés para decir que no podés esperar 10 segundos y tragar? ¿En serio tenés que obligarnos a todos a ver tu comida a medio masticar y eventualmente los pedacitos que se caen? ¿No te enseñó tu mamá/tu abuela/tu maestra jardinera el dicho “ballena ballena, no se habla con la boca llena”?

Nunca intentes razonar con uno de estos especímenes, es totalmente inútil y al mismo tiempo frustrante. Si en algún momento hacen una pausa para respirar y lográs tirar un comentario, van a encontrar la forma de contradecirte, aunque sea con un argumento estúpido y repetitivo basado en su limitada experiencia personal. O directamente, lo van a ignorar, sí, hacer de cuenta que no dijiste nada y seguir hablando como que nada pasó. O, la tercera opción, una vez que terminaron su pausa para respirar y vos habías empezado a esbozar tu argumento lógico e inteligente, te van a interrumpir con un tono de voz más alto.

Porque lo que a esta gente le interesa no es un diálogo, un intercambio de ideas y opiniones. No, lo que les interesa es un monólogo en el que autoreafirmen su enfermiza necesidad de tener razón siempre.

Yo lo considero casi una disciplina olímpica, y conozco un par de personas que merecen sin duda la medalla de oro.